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El siguiente artículo está basado en los contenidos del curso Psicología del Tráfico de la UNED (2026).
La conducción es un contexto en el que, con frecuencia, las personas volcamos nuestras tensiones y al mismo tiempo reaccionamos (o no) a las ajenas. A corto plazo puede ser un desahogo, pero si mantenemos en el tiempo esta actitud, las consecuencias pueden ser fatales.
La "ira/hostilidad", entendida como un rasgo de personalidad que todos poseemos en mayor o menor medida, nos predispone a llevar a cabo conductas que pueden comprometer nuestra seguridad y la de los demás.
El estilo agresivo de conducción se manifiesta en acciones concretas:
-Gestos hostiles (insultos, pitadas, dar ráfagas con las largas o mantenerlas para deslumbrar a propósito...)
-Incumplimiento frecuente de las normas de tráfico (especialmente exceso de velocidad).
-Falta de cortesía (no dar paso, "meter el morro"...)
-Obstrucciones al tráfico (frenar sin necesidad para retener al vehículo de detrás...).
Lo más peligroso de la agresividad al volante es que sirve de estímulo al/a la conductor/a del otro vehículo, que posiblemente responderá de forma también agresiva o fijará su atención en el infractor, desatendiendo el resto de aspectos de la conducción. Así, se produce una escalada de violencia o distracciones que, en el peor de los casos, terminan en accidente.
Además de la ira/hostilidad, pueden afectar a la conducción otros rasgos de personalidad como:
-La "búsqueda de sensaciones", definida como la búsqueda de experiencias novedosas, complejas, intensas y la voluntad de tomar riesgos por el bien de tales experiencias. En definitiva, la necesidad de asumir riesgos por el placer que resulta de dicha experiencia (p. ej: "voy a acelerar a ver si me da tiempo a pasar antes que todos esos" o "voy a hacer esa rotonda derrapando ya que no hay nadie".
-La "impulsividad", o tendencia a reflexionar menos que el resto de personas con las mismas habilidades y recursos antes de la acción, puede ser funcional y adaptativa si se actúa rápido en situaciones que lo requieren, mientras que genera consecuencias negativas ante respuestas también rápidas, aunque inadecuadas (p. ej: pegar un volantazo al ver un conejo y acabar en un terraplén).
Por tanto, tener en cuenta estos aspectos antes de conducir puede evitar que suframos un accidente y, al mismo tiempo, mantengamos a salvo al resto de usuarios de la vía.