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El siguiente artículo está basado en los contenidos del curso Psicología del Tráfico de la UNED (2026).
Los seres humanos somos diferentes a la hora de analizar las situaciones. A falta de un conocimiento completo sobre una situación, nuestra mente recurre a creencias previas que compensan la falta de dicho conocimiento y que, pese a no basarse en evidencias, dan forma a nuestras acciones y pensamientos.
Por ello, estas creencias son probablemente más importantes que la propia realidad de la situación, ya que la sustituyen y, a efectos prácticos, se convierten en la realidad en la que nos desenvolvemos. Así, encontramos dos tipos de creencias:
-Las que se encuentran en una ausencia total de control por parte de la persona (destino, fatalidad, etc).
-Las creencias sobre el control posible de la persona sobre la situación.
Dentro de las primeras se encuentran las creencias fatalistas (es decir, atribuir a la mala suerte la causa de un evento), que se relacionan con una menor adopción de conductas de seguridad al volante. Esto se debe a que, si pienso que la conducción depende de la suerte, da igual lo que haga. Si tengo que tener un accidente, lo tendré.
Y tú, ¿piensas que la seguridad al volante es cuestión de suerte?